Transitamos una época de sucesión de estallidos; de crisis que contienen elementos extra ordinarios (extensión, potencia, velocidad de contagio, simultaneidad) y que sientan las bases para el colapso del sistema capitalista tal como lo conocemos. Ya dijimos en otros escritos que la “Pandemia” también combina estos elementos, y que su aparición está ligada indisolublemente a este sistema, ya sea por el ecocidio que se lleva adelante por los recursos, tanto como si fuera fruto de una disputa por el poder global, o ambas a la vez.
¿Quiere decir esto que vamos hacia un sistema superador? No necesariamente. También se puede agudizar este problema en magnitudes que aún no imaginamos, pero que no están tan lejanas si no logramos revertir las causas que originan el desastre. Eso dependerá de qué fuerza se imponga y cómo abordemos, los pueblos, el problema de la ya mencionada contradicción actual, es decir, si logramos poner la producción al servicio de cubrir las necesidades de TODA la sociedad y EN ARMONÍA CON EL AMBIENTE, o seguimos acrecentando la desigualdad económica y el daño permanente al planeta que trae aparejada la competencia de los monopolios capitalistas.
La primera se llevaría ante todo siguiendo los intereses de las mayorías ¿cómo sería?, respetando los tiempos de recuperación de los nutrientes del suelo, realizando reforestaciones, recuperando la salud de los ríos y océanos, evitando el uso de químicos tóxicos, practicando la agroecología, eliminando la obsolescencia programada, y para lograr eso planificando la producción de modo tal de que no se fabriquen cosas en magnitudes superiores a la capacidad de consumo de las mismas y de las necesidades reales de cada producto (y seguramente muchas cosas más que olvidamos); la segunda ya la conocemos, es la que sucede hoy, y como queda demostrado, no puede ofrecernos una solución al problema porque es dominada por intereses económicos.
Por todo esto nos preguntamos… ¿Qué papel jugamos nosotros? No hay ni habrá soluciones mágicas, hay que convencerse de que tenemos que hablar de estos temas en todos los ámbitos posibles, con todas nuestras relaciones. Hay que generalizar el debate hasta que cada escuela, iglesia, capilla, fábrica, sindicato, universidad, centro cultural, barriada, cada espacio social se convierta en una trinchera activa, ofensiva y hasta agresiva contra los grandes intereses que agreden la naturaleza y la sociedad. Esta acción nuestra de involucrarnos es lo determinante para avanzar hacia una solución del problema. La salida requiere participación, comprensión, toma de conciencia y sobre todo organización.
Entendemos que no es fácil, pero el problema es social y urgente, por eso tiene que ser resuelto siguiendo los intereses de las mayorías. Las fuerzas que desatan los pueblos luchando en conjunto y organizados no tienen enemigos que puedan resistirlos. ¡Sabemos que con el planeta no se puede negociar! Tenemos las posibilidades concretas de llevar adelante grandes transformaciones y frenar este desastre al que nos llevan los poderosos intereses que gobiernan a ciegas este mundo y en interés de una minoría.









